El trumpismo espera el milagro de una elección contingente

Y CUATRO AÑOS MÁS DE TRUMP

¿Habéis puesto ya los zapatitos junto al árbol? Los partidarios de Trump están en ello, esperando como tantos niños españoles que se obre el milagro de una elección contingente que revierta lo que ven como un enorme fraude y les deje cuatro años más con el mismo presidente.

Trump también lo espera, o ese parece, a juzgar por uno de sus tuits: “El vicepresidente tiene la facultad de rechazar electores elegidos de forma fraudulenta”. También ha advertido que mañana (hoy) presentará más pruebas del fraude.

Pero nadie quiere ya más pruebas de fraude, si van a ser como las que ya hemos visto una y otra vez. No más kraken, por favor, que lo poco agrada y lo mucho enfada. No, lo que espera de su chico el trumpista medio es… lo inesperado. Espera prodigios. Espera que saque de la chistera el Conejo Más Grande del Mundo, y las redes sociales son un hervidero en el que se cuecen las más enloquecidas posibilidades: detenciones de capitostes demócratas, revelaciones extraordinarias de extraordinarias conjuras, todo como al final de una película de Shyamalan. Muchos esperan, incluso, que su investidura se parezca más a una coronación que a un mero juramento convencional. Y, sí, no son pocos los que, si todo falla, el presidente recurra a ‘medios extraordinarios’ para enderezar el entuerto del fraude electoral.

El escenario está preparado, y miles de deplorables se han lanzado ya a las carreteras para tomar Washington a la llamada de su líder. El Distrito Federal ha pedido que intervenga la Guardia Nacional, por si las moscas. Lo que no deja de ser curioso, porque declinó en su día el ofrecimiento de Trump en el mismo sentido cuando eran los chicos de Black Lives Matter los que se dedicaban alegremente al incendio y el pillaje en la ciudad.

Todas las miradas están puestas en el vicepresidente Mike Pence que, como presidente del Senado, es en principio el encargado de rechazar o aceptar los votos entregados por los electores de los estados. Durante los últimos días los comentaristas proTrump debatieron acaloradamente si el vicepresidente era de fiar o traicionaría a su jefe, pero los más ‘pata negra’ sostienen que no importa lo que haga Pence, que Trump hará lo que haya que hacer cuando llegue el momento, con o sin él.

Ya son bastantes, y crecen por días, los legisladores republicanos que han anunciado públicamente que unirán su suerte a la del presidente, oponiéndose a los votos de los electores de los estados en disputa, liderados por el ex aspirante a la nominación republicana, el senador Ted Cruz, de Texas. Si Trump cae, ellos caerán con él.

Y, sí, parece como de ciencia-ficción que, después de que el mundo entero tiene ya a Biden por presidente (interino, mientras calienta Harris) y a Trump por un mal perdedor ya irrelevante, el marcador pueda dar la vuelta a estas alturas del partido. El mundo no está preparado para comerse sus palabras de estos días.

Pero, para ser completamente honestos, no hay salida airosa o razonable para esta situación, porque si jura Biden, lo hará frente a millones de norteamericanos convencidos de que les ha robado las elecciones con malas artes y que está vendido a China. Gobernar en esas condiciones debe de ser complicado, sobre todo en un país con una estructura federal y varios estados de uñas.

Por ejemplo, cuando haya elecciones legislativas: ¿volverán a usar las máquinas de Dominion? No hacerlo supondría una confesión indirecta de culpabilidad, pero si lo hacen los perdedores no van a aceptar fácilmente el resultado. Es más que probable que la fe de los americanos, demócratas incluidos, en la limpieza del proceso electoral alcance mínimos históricos, ya la prueba es que el propio Biden no está sacando pecho, como debería y haría cualquiera, del hecho de haber superado en mucho a su propio antiguo jefe, el mesías Obama, en número de votos. Sonaría un poco a O.J. Simpson cuando se comprometió a no cejar hasta encontrar a los ‘verdaderos’ asesinos de su ex mujer y el amante de esta.

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