PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

La oleada de robos a plena luz del día abre el debate en Bogotá sobre la tenencia de armas para la autodefensa

LA INSEGURIDAD CRECE EN LA CAPITAL DE COLOMBIA
Individuos vandalizan el exterior de una comisaría de policía en Bogotá (Colombia). Reuters

La inseguridad en Bogotá ha pasado de una mera percepción a un escenario donde la ciudadanía convive con el temor de salir a la calle. La situación ha llegado al punto en que se presentan robos a plena luz del día y durante varios minutos, sin que la policía logre hacer presencia. La ciudadanía evita intervenir, pues suele ser peor resistirse a un robo o auxiliar a quien está siendo víctima de uno, no solo por la reacción de los delincuentes, sino porque en caso de agredir a estos, la justicia puede terminar condenando a la víctima por actuar contra el victimario en defensa propia, tal como ha ocurrido en varios casos. La alcaldesa y la policía han pedido a la justicia que actúe y evite dejar en libertad a los criminales cuando son detenidos por la Policía, pero lo cierto es que en el país sigue sin estar suficientemente clara una política estatal de seguridad. 

El comandante de la policía metropolitana de Bogotá ha insistido una y otra vez en que la ciudad “no está en manos de la delincuencia”, pero puntos críticos de la misma siguen sin ser atendidos. Ya no se trata de las ollas (expendios de drogas) o los territorios vedados a la fuerza pública que tradicionalmente han existido en la capital del país, sino del accionar impune de bandas de atracadores que se han tomado los semáforos y las esquinas. Recientemente, por ejemplo, la reconocida presentadora Claudia Bahamón fue arrastrada por delincuentes que se movilizaban en una motocicleta que trataban de robarle la cartera. El hecho ocurrió en la calle 85 con carrera 11, zona exclusiva de la ciudad, reconocida por sus centros comerciales y oferta de bares y restaurantes, al igual que por una importante oferta de hoteles cinco estrellas. El mismo día fueron víctimas de robo los presentadores Sebastián Villalobos y Diego Camargo. 

El tráfico en la capital ha permitido que bandas de asaltantes roben varios vehículos a la vez, sin que las autoridades hagan presencia o la ciudadanía ejerza su derecho a la defensa. Muchos de estos actos quedan registrados en las cámaras de seguridad que han sido instaladas, pero que parecen ya no disuadir a los criminales, quienes han tomado las calles de Bogotá. El ministro de defensa ha tenido incontables consejos de seguridad y múltiples reuniones con el gabinete distrital, pero una respuesta contundente aún no se ha logrado. 

Lo que sí se anuncia es nueva regulación para el porte y tenencia de armas traumáticas no letales, que serán consideradas como armas de fuego, prohibiendo en últimas que la ciudadanía recurra a estas como elemento de defensa y protección. Las razones son las de siempre: los delincuentes capturados estaban en posesión de este tipo de elementos, con los cuales procedían a amedrentar a la población. El asunto es que los delincuentes continuarán armados, muy a pesar de la prohibición que se formalice en un decreto. En Colombia también está prohibida la pena de muerte y es uno de los países con las tasas más altas de homicidio en América Latina. 

De hecho, congresistas del Centro Democrático, en especial la senadora María Fernanda Cabal, han promovido regular de otra manera el porte y la tenencia de armas de fuego, con el fin de permitir a la ciudadanía proteger su vida y bienes, en el marco de la Constitución Política y la legislación. Estas iniciativas, sin embargo, no han tenido eco en el gobierno nacional y suelen ser rechazadas por importantes sectores y algunos medios de comunicación, que lo consideran perjudicial para la convivencia y que pone en riesgo la vida y la seguridad. 

Más allá de la posición que tengan unos y otros, lo cierto es que la inseguridad en el distrito capital se desbordó y el impacto que genera en el entorno socioeconómico es grave. En momentos en que la reactivación económica es prioridad, el hecho de que las familias eviten salir a la calle y busquen resguardarse en sus hogares es, sin duda, un golpe a la economía de la ciudad, que, no sobra recordarlo, se soporta en buena medida del comercio informal y este requiere a las gentes consumiendo y no buscando refugio. Las cosas han llegado a tal absurdo que ni los ladrones se salvan de la inseguridad. Esta semana se conoció el vídeo de otra cámara de seguridad que registró a una banda de ladrones tratando de ingresar a viviendas de un sector de Bogotá cuando fue asaltada por otros del gremio que les quitaron sus pertenencias. En ese caso ¿Ante quién ponen el denuncio?

Deja una respuesta