Roe contra Wade, la sentencia que ningún profesor de Derecho se atreve a defender

50 AÑOS Y 65 MILLONES DE ABORTOS DESPUÉS
Norma Leah McCorvey, alias "Jane Roe", la mujer que con su testimonio falso y el trabajo de dos abogadas sin escrúpulos, abrió la puerta a 65 millones de abortos en Estados Unidos desde 1973 (Ron Sachs / CNP/Sipa USA)

Hace casi 50 años y unos 65 millones de abortos, una joven llamada Norma Leah Nelson se presentó en un tribunal texano para reclamar un hasta entonces inexistente derecho a abortar por la mera voluntad de la gestante. Nacida en Luisiana y criada en Houston, en el seno de un matrimonio de testigos de Jehová, el padre se marchó de casa cuando ella tenía 13 años y Norma Leah fue criada por su madre, una alcohólica inmoderada. A los 16 años se casó con un tipo llamado Woody McCorvey del que tomó el apellido y se divorció poco después alegando abusos. Norma Leah McCorvey, nacida Nelson, volvió preñada a casa de su madre y en 1965 dio a luz a una niña a la que llamó Cheryl. Al año siguiente, volvió a dar a luz, esta vez a un niño que entregó en adopción. Muy poco después, la todavía joven confesó que era lesbiana para escándalo de su madre, que la repudió y le quitó la custodia de Cheryl.

A los 21 años, la lesbiana Norma Leah se preñó de nuevo. Quiso abortar, pero aquel crimen era ilegal en 1969 y sólo estaba despenalizado en supuestos como el incesto o la violación. Norma Leah denunció que había sido violada en la calle por una manada. Sin ninguna prueba que lo sustentara, la petición fue desestimada por las autoridades y la joven fue localizada por dos abogadas abortistas recién licenciadas (Linda Coffee y Sarah Weddington, esta última había abortado en México un año antes), que buscaban con desesperación a una mujer que quisiera abortar, que se comprometiera a no salir de Texas mientras durara el proceso judicial y a no recurrir a un aborto clandestino.

El Supremo, ojo a la idea cuanto menos peregrina, otorgó el derecho a abortar siempre que el feto no pudiera sobrevivir por sí mismo

Norma Leah aceptó el compromiso y la demanda se presentó en el juzgado de Distrito de Texas. Aun a sabiendas de que era mentira, las dos abogadas aseguraron que su cliente, a la que llamaron Jane Roe para proteger su intimidad, había sido violada. Aquello sólo buscaba apuntalar la estrategia de invocar que las leyes que restringían el aborto eran inconstitucionales porque conculcaban la Novena Enmienda de la Constitución estadounidense que dice proteger el derecho a la privacidad, es decir, el derecho a que ninguna mujer tuviera que explicar por qué quería abortar. Enfrente, las abogadas tuvieron a un fiscal demócrata que jamás había perdido un caso, Henry Menasco Wade. Comenzaba el caso de Roe contra Wade. Roe y sus abogadas mentirosas ganaron. Y Wade perdió.

Tras la primera derrota, la Corte Suprema desestimó el recurso de Wade por siete votos a dos; y aprovechó para corregir y aumentar los pilares jurídicos de la sentencia del Tribunal de Texas convirtiendo el aborto en un caso de salud de la madre. El Supremo, ojo a la idea cuanto menos peregrina, otorgó el derecho a abortar sin explicaciones siempre que el feto no pudiera sobrevivir por sí mismo, ya que entonces se convertía en sujeto de la obligación estatal de proteger la vida. Con estos fundamentos de derecho que podría rebatir un alumno de un curso de Derecho de CCC, se abría la puerta a que 65 millones de seres humanos en gestación fueran exterminados durante los siguientes 50 años.

Desde entonces, y hasta el día de hoy, se dice que encontrar en las universidades estadounidenses a un profesor de Derecho Penal que apoye con solidos argumentos jurídicos los considerandos y el fallo de la sentencia del caso Roe contra Wade es como encontrar un nido de águila en un escurreplatos. Puede que haya alguno, pero nadie lo ha visto.

La sentencia del Supremo que ningún penalista estadounidense sabría defender invoca la decimocuarta enmienda, que requiere a los Estados que provean de una protección igualitaria ante la ley a todas las personas, no sólo a los ciudadanos. Cuando fue aprobada en 1868, aquella enmienda no cambió ninguna de las 36 leyes sobre al aborto entonces vigentes, lo que quiere decir que el Supremo usó una enmienda que no tenía nada que ver con el aborto crear un nuevo derecho fundamental de una gestante a recurrir a médicos abortistas para exterminar la vida que haya en su vientre hasta el tercer trimestre.

Parece que la Corte Suprema de los Estados Unidos se orienta a ponerse del lado de Norma Leah McCorvey y en contra de Jane Roe

De cualquier manera, Roe contra Wade otorgó a Norma Leah McCorvey un supuesto derecho a abortar que ya no necesitaba porque su tercera hija había nacido y había sido dada en adopción. Pocos años después, Norma Leah cayó en depresión y mientras trabajaba en una clínica abortista, reveló en público que ella era Jane Roe. Un tiempo después, entró a trabajar en un centro de planificación familiar. Las oficinas colindantes fueron alquiladas por el grupo pro-vida Operation Rescue, y de alguna manera providencial, Norma Leah conoció a Flip Berham, un pastor evangélico que la trató con el cariño que pocos estaban dispuestos a darle.

El 8 de agosto de 1995, Jane Roe fue bautizada en la fe evangélica, confesó sus remordimientos por el caso y aseguró que había sido manipulada por sus abogadas (Weddington reconoció años después que había mentido, pero que lo había hecho “por una buena causa”). En 1998, Norma Leah McCorvey se convirtió al catolicismo. Hasta su muerte, ocurrida en 2017, Jane Roe tuvo una lucha interna entre su activismo provida, que había convertido en su modo de vida, y las dudas sobre la licitud del aborto. Una antigua abortista, Abby Johnson, ex directora clínica de Planned Parenthood y autora de Unplanned, confirmó que conocía que Norma Leah trató durante muchos años de convencerse a sí misma de que abortar podía ser una decisión correcta, «pero al final de  su vida ya no lo creía».

Casi 50 años después y 64 millones de seres humanos abortados desde entonces, parece que la Corte Suprema de los Estados Unidos se orienta a ponerse del lado de la provida Norma Leah McCorvey y en contra de la abortista Jane Roe. Si la mayoría conservadora que se dice que hay en el Supremo puede acabar con ese inexistente, desde el punto de vista ético, derecho federal a suprimir una vida indefensa en gestación, y devolver a cada uno de los Estados, es decir, al pueblo, la decisión de si el aborto es un crimen o un derecho, será una victoria póstuma de Henry Menasco Wade, el fiscal demócrata que hasta que dos abogadas abortistas sin escrúpulos y una demandante perjura se le enfrentaron en un juicio, jamás había perdido un caso.

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