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el PP y sus adláteres de Cs han demostrado que se conforman con administrar

‘Yo pongo el Excel y ellos, la ideología’: el retrato de la derechita idiota

Los rojos no usaban sombrero, y yo tampoco, lo que es una lástima porque me lo quitaría en homenaje al maestro del meme que se esconde bajo el pseudónimo tuitero de @Flugbeiler, autor de ‘Centro centrado’, un collage animado con texto y música que, con mucha mayor eficacia que una columna, ‘clava’ lo que yo mismo he tratado de explicar en cientos.

El arte del meme, quizá el único medio de expresión en el que la derecha fuerte da mil vueltas a los guardianes de la ortodoxia ideológica, hace depender su éxito de dos factores. El primero es, digamos, técnico: el conocimiento del medio, el sabio uso de la brevedad (si es animado), la diestra combinación de texto, imagen y sonido.

El segundo es el que me interesa: debe reflejar un fenómeno que sea inmediata y ampliamente reconocido como cierto. En este caso, de cómo la legendaria exploración en busca de un ‘centro’ mítico y elusivo se ha convertido en un modo de disfrazar, bajo una indigerible jerga de escuela de negocios y toneladas de arrogancia clasista (“Tengo un Excel que demuestra que te tienes que callar”), la más absoluta rendición de la derecha convencional a las premisas ideológicas de la izquierda.

El centro, dicen, es donde se ganan las mayorías, así que todo el mundo en el panorama político trata de apelotonarse en ese incómodo punto invisible y clavar en él la propia bandera como Amundsen en el Polo Sur. Ni los más viejos del lugar podrían recordar cuándo comenzó el Partido Popular ese ‘viaje al centro’ que se parece al de Ulises de vuelta a Ítaca en la de vueltas que están dando.

Pero no hace falta ser muy ducho en geometría para darse cuenta de que el centro depende siempre de los extremos, de modo que si uno se acerca a él y uno de los extremos se va más a la izquierda, el centro se corre hacia la izquierda y hay que volver a empezar el periplo. Es el juego al que llevan toda la democracia jugando los socialistas, que tienen al ‘peperismo’ ilustrado con la lengua fuera a la manera de Tántalo, siempre a punto de alcanzar el fruto deseado y siempre frustrado en su deseo.

Y así, para mayor comodidad, se inventa un centro a medio camino entre un extremo cierto y absurdo y otro extremo que no lo es, que resulta meramente sensato o banal: «Ni Pol Pot ni Aguado«, «Ni el Holodomor ni las pizzas de Ayuso».

Otro medio de hallar ese ‘centro centrado’, ese centrísimo, ese centro platónico y absoluto, es renunciar a la ideología, renunciar a gobernar para optar, al menos, a ‘gestionar’ con lo que se pretende sean instrumentos científicos y asépticos “del San Pablo CEU” o de “Virginia Tech”, porque “la guerra cultural es para la izquierda; al votante centrista le importan otras mierdas”.

La frase -que tiene como personaje de fondo al ‘pepero’ vasco Borja Semper- hace referencia a una declaración real y más que significativa del líder del Partido Popular, Pablo Casado, cuando, en su sonado desencuentro con la entonces portavoz del partido, Cayetana Álvarez de Toledo, confesó que la “guerra cultural” no le interesaba.

Ahora, eso que llaman “guerra cultural” lo es absolutamente todo. La ‘cultura’, en el sentido empleado en esa expresión, es lo que decide qué es bueno y qué es malo, que debe despreciarse y qué atesorarse, qué premiar y qué castigar. Es, en definitiva, todo lo que no es ordinaria administración en política.

Y aquí está exactamente el quid: el PP y sus adláteres de Ciudadanos han demostrado durante los mandatos de Aznar y Rajoy que ellos se conforman con administrar, “poniendo el ‘Excel’ mientras el PSOE pone la ideología”. Pablo Casado, lejos de reaccionar a las consecuencias electorales obvias de esa renuncia, defiende que el mejor modo de salir del agujero es seguir cavando.

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