El campo español vuelve a enfrentarse a una presión creciente desde el exterior. Mientras Bruselas mantiene su política de apertura comercial, las importaciones de aguacate procedente de Perú se han disparado hasta niveles récord, superando con creces a otros competidores y erosionando la posición de los productores nacionales.
Según datos oficiales de DataComex recogidos por El Debate, España importó en 2025 un total de 169.596 toneladas de aguacate peruano, lo que supone un incremento del 23,38% respecto al año anterior y consolida al país sudamericano como el principal proveedor con amplia diferencia.
La magnitud del fenómeno se entiende mejor en comparación: España importa más de cuatro veces (4,33) más aguacate de Perú que de Marruecos, segundo proveedor, cuyas ventas se situaron en apenas 39.159 toneladas en 2025.
Este crecimiento sostenido ha sido especialmente intenso en la última década. En 2019, las importaciones desde Perú apenas superaban las 54.000 toneladas; hoy rozan las 170.000, triplicando su volumen en apenas seis años.
El auge peruano, sin embargo, no se explica sólo por la demanda creciente en Europa, sino también por las diferencias estructurales en costes laborales, exigencias regulatorias y condiciones de producción, que colocan a los agricultores españoles en una clara desventaja competitiva.
España, tradicionalmente considerada la huerta tropical de la Unión Europea, ha visto cómo su producción de aguacate crecía desde las 50.000 toneladas en los años noventa hasta superar las 110.000 en la actualidad. Sin embargo, este aumento no ha sido suficiente para mantener su cuota de mercado.
El impacto se agrava por el calendario. La producción peruana se concentra entre abril y octubre, solapándose cada vez más con el final de la campaña española. Esto obliga a los productores nacionales a adelantar la recolección para evitar competir directamente con una avalancha de fruta más barata.
Mientras tanto, el foco mediático suele centrarse en Marruecos, cuya expansión agrícola —impulsada en parte por acuerdos preferenciales con la UE— ha generado tensiones en productos como el tomate. Sin embargo, el caso del aguacate revela una realidad menos visible pero más contundente: la entrada masiva de iberoamericano está redefiniendo el mercado sin apenas debate público.
El resultado es un sector cada vez más presionado, donde el crecimiento de la demanda no se traduce en mayores oportunidades para el productor nacional, sino en una competencia global que erosiona márgenes y pone en cuestión la sostenibilidad del modelo agrícola europeo. Una tendencia que, lejos de frenarse, apunta a intensificarse en los próximos años.