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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

‘Lo que sea con el precio que sea’. Así son los planes del 'president' Torra

Torra cree que su misión es traer la república a Cataluña, apartar a los españolistas, a los malos catalanes, a los tibios, a los traidores y hacer una sociedad ex novo.

El recién nombrado presidente de la comunidad autónoma de Cataluña está, dicen quienes lo conocen, muy lejos del papel de mero títere de Puigdemont. Fanático, calculador y listo, así se perfila su mandato.
Ha aceptado las condiciones impuestas por el autoproclamado ‘president en el exili’, Carles Puigdemont y, como gesto de reconocimiento, no usará el despacho ni dependencias significativas. Pero hasta ahí podría llegar la ‘sumisión’ del nuevo presidente de Cataluña, Quim Torra ante quien lo ha puesto al frente de la Generalitat.
Este lunes, día de la investidura, el escritor Miquel Giménez escribía en Voz Populi un perfil del flamante president. Una descripción del hombre al que él conoció, trató e incluso tuvo por amigo durante años, cuando Torra era editor y Giménez buscaba editorial para sus obras.
“Publicar tres libros con un editor artesanal da de sí lo suficiente como para conocerse. Las conversaciones literarias son, quizás, la mejor manera que tiene uno de atisbar a la persona que todos escondemos detrás de esa cáscara que llamamos apariencia”, explica para, después, trazar un retrato de ese hombre, antes editor y hoy presidente, que ha prometido trabajar por la república catalana.
“Torra es, antes que nada, independentista a machamartillo. Y católico a ultranza, una mezcla que, unida a su ideología de señor de derechas de toda la vida, le da un perfil político mucho más cercano al de Jordi Pujol que al de Carles Puigdemont (…) Ahora bien, aquellos que hacen análisis de urgencia sobre su persona obvian quizás el dato más importante: es un intelectual. Fanático, sí, pero un intelectual”, escribe Giménez, que añade que Torra es experto en dar cada paso “cuando toca”.
Como comisionado de El Born, Torra pasaría las tardes con la entonces presidenta de Ómnium Muriel Casals “conspirando” por el proyecto separatista. De ahí llegó la presidencia de Ómnium y después la lista de Puigdemont y la designación como candidato b (o ‘c’, o ‘d’, pero candidato).

¿Y ahora, qué?

Pues ahora, a juicio de su antiguo amigo – “hoy seguramente me considerará un traidor”, señala Giménez- “el conflicto catalán no tan solo no va a disminuir, sino que se acrecentará y muchísimo en los próximos meses”. Torra cree, asegura, que su misión es “traer la república a Cataluña, separar el grano de la paja, apartar a los españolistas, a los malos catalanes, a los tibios, a los traidores y hacer una sociedad ex novo basada en la patria, Dios, y la cultura catalana”.

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Con “excelentes relaciones” con sus compañeros de aventura independentista de la CUP (a pesar del abismo ideológico en todo lo que no se llame procés), Torra inaugura una era “mucho más inquietante” que la vivido hasta el momento con Puigdemont. “Puigdemont – opina Giménez- solo ha sido un chico de pueblo más bien tonto al que le venía muy grande el cargo, pero Torra está hecho de otra pasta. Su vocación lo lleva a hacer todo lo que el de Bruselas no hizo. Cuando Torra proclame la república catalana, y esto será así, que nadie lo dude, no será para dejarla en suspenso a los pocos segundos. Cuando Torra haga que se aprueben las leyes de transitoriedad hacia la república, las mantendrá hasta sus últimas consecuencias. Cuando Torra salga al balcón de la plaza de Sant Jaume, que lo hará, para llamar a la resistencia a los separatistas, lo hará plenamente consciente de lo que eso supone. No estamos ante un chisgarabís cualquiera, un atolondrado o un simple comisionista. Todo eso le importa un pito. Se cree con una misión histórica y hará lo que sea, al precio que sea, con tal de llevarla a cabo”.

Desprecio intelectual

El leído Torra desprecia, al parecer, a sus adversarios políticos Arrimadas y Albiol, “a los que considera poco menos que unos ágrafos”, y ese desprecio, esa arrogancia, es precisamente otra de sus características: “Todo aquel que no conozca la historia de la peña del Ateneu, los avatares de la formación política Acció Catalana o la vida y milagros de gente como Josep Carner no tiene ni puñetera idea de lo que es Cataluña”. “Torra va a perseguir su sueño pese a quien pese, aunque nos lleve a la peor de las pesadillas. Que no es otra que un enfrentamiento civil”, concluye Giménez.
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