Los mismos sectores tangibles e intangibles que arruina el Gobierno de Pedro Sánchez son los que el gobierno de Mohamed VI defiende y promociona, en ocasiones con dinero transferido de España o de la Unión Europa: el prestigio internacional, la agricultura, el tráfico marítimo en el Estrecho, las Fuerzas Armadas, los servicios de información, las fronteras, la industria automovilística, el transporte ferroviario… uno de los menos conocido es el cine.
A mediados de los años 50 del siglo pasado, Hollywood descubrió España. Se rodaron aquí numerosas películas, porque los directores podían disponer de desiertos y de monumentos de estilo árabe para ambientar Lawrence de Arabia; o de material militar alemán (aviones y carros) para las películas sobre la Segunda Guerra Mundial, como Patton y La Batalla de Inglaterra. También, porque existían una industria (técnicos, estudios) y unas facilidades financieras que permitían superproducciones como 55 días en Pekín y Doctor Zhivago, o cintas más modestas como la Trilogía del Dólar, filmada en Almería, que lanzó a la fama a Clint Eastwood. Entonces, todo era barato y se hacía con seriedad y profesionalidad. Hasta el ejército español podía ponerse al servicio de los productores, como los soldados que cavaron las miles de tumbas vacías que forman el cementerio de Sad Hill, que acoge el duelo antológico de El bueno, el feo y el malo.
Pero esa actividad económica también está siendo desarraigada de España en beneficio de Marruecos. Christopher Nolan grabó varias escenas del blockbuster de su adaptación de La Odisea en la región de la antigua Villa Cisneros (hoy Dajla), en el Sáhara ocupado por el régimen alauita. Aunque el anuncio provocó protestas de los saharauis, Nolan no cambió el lugar de la filmación.
Para ganar prestigio y simpatía, Marruecos se ofrece a Estados Unidos y Europa no sólo como guardián del África norte y como suministrador de militares, sino también como destino turístico y escenario de cine.
Las últimas grandes producciones filmadas en el país han sido Misión: imposible – Nación secreta, Indiana Jones y el Dial del Destino, Babel, Spectre y Gladiator II, junto con episodios de las series de televisión Juego de Tronos, Jack Ryan y Homeland. También hay cineastas españoles que prefieren viajar a Marruecos, como los productores de Sirat, ganadora de seis premios Goya.
Esta estrategia política, económica y cultural cuenta con el respaldo del rey Mohamed VI y con el apoyo de su gobierno. A diferencia de Sánchez, que no para de subir la presión fiscal a los ciudadanos y las empresas, Mohamed ha ordenado que se concedan incentivos y se baje la fiscalidad.
El Centro Cinematográfico Marroquí se encarga de las gestiones. A partir del 28 de marzo de 2022, el porcentaje de los gastos subvencionables se subió al 30% respecto al 20% anterior. Se exige a las producciones extranjeras (largometrajes, series de televisión, telefilmes, docuficciones, documentales y ficción de larga duración para internet) que desembolsen un mínimo de 10 millones de dirhams, que equivalen a poco más de 900.000 euros, y rueden al menos 18 días en el país.
Y entre los escenarios ofrecidos, junto a las calles estrechas de Tánger, el casco viejo de Rabat y el mercado de Marrakech, se encuentran los arenales y las playas del Sáhara Occidental, sin que a los profesionales de los derechos humanos se les mueva un músculo. A las autoridades marroquíes se les podría aplicar las mismas palabras que en un episodio de Los Simpsons dice el alcalde de la ciudad a los productores que van a rodar una película: «Si alguna especie animal les molesta, la exterminaremos».