Un circuito creado para familias procedentes de Perú promueve la llegada de más de 200 inmigrantes con cáncer infantil a Cataluña en los últimos años, un fenómeno que ahora la Generalitat trata de ordenar ante el incremento sostenido de estos casos en hospitales públicos.
El foco principal de estas llegadas, según avanza Ara.cat, ha sido el Hospital Sant Joan de Déu, donde desde 2022 se ha consolidado un flujo constante de menores que aterrizan en Barcelona con enfermedades oncológicas graves. Muchos de ellos acuden directamente desde el aeropuerto a los servicios de urgencias para iniciar el tratamiento, y posteriormente acceden al sistema sanitario público tras empadronarse y obtener la tarjeta sanitaria.
Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Sólo en los últimos cuatro años han llegado más de 200 menores procedentes de Perú, con registros anuales que rondan varias decenas de casos. Además, en 2025 casi la mitad de los pacientes pediátricos atendidos en este hospital eran extranjeros, lo que evidencia el peso creciente de este tipo de atención dentro del sistema.
Una parte relevante de estas familias logra acceder a la sanidad pública en poco tiempo. Según datos oficiales, más de un centenar de menores extranjeros obtuvieron la tarjeta sanitaria en menos de tres meses desde su llegada, lo que les permite recibir tratamientos complejos sin coste directo, a diferencia de lo que ocurriría en centros privados.
Desde el departamento de Salut reconocen que existen mecanismos que facilitan estas llegadas, aunque evitan calificarlos como redes organizadas. Sí admiten que muchos pacientes llegan con información precisa sobre los trámites necesarios para integrarse en el sistema sanitario catalán, lo que apunta a la existencia de circuitos informales bien definidos.
El origen de esta situación se remonta a la puesta en marcha del Pediatric Cancer Center de Barcelona, inaugurado en 2022 como un centro de referencia internacional con capacidad para atender centenares de nuevos casos al año. La estrategia inicial buscaba atraer pacientes de otros países para optimizar recursos y consolidar el proyecto, que en la actualidad no alcanza su plena ocupación.
Con el paso del tiempo, este planteamiento ha derivado en una presión creciente sobre el sistema público. Aunque el coste económico —estimado en varios millones de euros— no es la principal preocupación, sí lo es el hecho de que muchos de los menores llegan en fases muy avanzadas de la enfermedad, con opciones terapéuticas limitadas.
Ante este escenario, la Generalitat ha mantenido contactos con autoridades peruanas y responsables sanitarios del país para intentar frenar o reconducir el flujo de pacientes. Entre las medidas planteadas figura la transferencia de conocimiento y tecnología para que los tratamientos puedan realizarse en origen.
A pesar de estos esfuerzos, las llegadas no se han detenido completamente, aunque sí se han estabilizado en los últimos años. Por ello, el Govern estudia ahora fórmulas para regular esta situación y evitar que el sistema sanitario público siga absorbiendo de forma descontrolada estos casos.
Desde el Hospital Sant Joan de Déu, por su parte, niegan haber impulsado activamente este circuito y desvinculan a su dirección de la llegada de pacientes desde Perú, insistiendo en que su labor se limita a la atención médica de los menores que acceden al sistema.