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‘Estamos llegando al límite de lo que podemos hacer para enfrentar a Ortega’

LA GACETA REPORTA DESDE NICARAGUA

MANAGUA, NICARAGUA – Dos policías están apostados frente a la sede de Ciudadanos por la Libertad, el único partido opositor autorizado por la dictadura sandinista –hasta ahora– para contender en los comicios del próximo 7 de noviembre.

Nos lo habían advertido: seremos fotografiados al entrar y al salir. Con ello, quedará el primer registro ante el régimen de nuestro trabajo periodístico en Nicaragua, país al que hemos viajado en medio de una ola represiva por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Cuatro precandidatos presidenciales están presos, una –Cristiana Chamorro– acusada por lavado de dinero y los otros tres como castigo por apoyar el esquema de sanciones contra miembros del sandinismo. Además, doce dirigentes opositores y empresarios han sido aprehendidos por disentir abiertamente del régimen socialista.

Al extremo calor, ya usual de esta capital, se suma la presión que aguanta ese delgado hilo que –una vez reviente– podría sumir al país en una nueva tragedia. Managua se siente en silencio. La cantidad de policías es abrumadora.

Es el Estado policial implementado por Ortega cumpliendo con su función: infundir miedo.

Ortega nunca ha tenido mayoría

Ciudadanos por la Libertad, antes ALN y PLI –partidos opositores anulados por el sandinismo–, percibe que a partir de la rebelión de abril de 2018 despertó una generación que no había caído en cuenta de los atropellos antidemocráticos cometidos por Daniel Ortega.

“La Rebelión Cívica de abril de 2018 hizo que despertara una generación que posiblemente no estaba clara de esa dictadura porque nacieron con el Frente Sandinista en el poder y creyeron que eso era normal. Tras lo ocurrido en esos días, cambia la historia y todo el mundo empieza a darse cuenta de lo que tenemos aquí realmente”, reflexiona Kitty Monterrey, presidenta de CXL.

Pese a la permanencia en el poder de Ortega, la dirigente asegura que su apoyo nunca ha sido mayoritario entre los nicaragüenses. “En realidad, Ortega nunca ha superado el 38%. Aún cuando ganó la primera elección en 2006 fue con un escaso 38%. Eso se ha venido deteriorando después de abril de 2018. De hecho, en la farsa del 2016 hubo una abstención documentada del 76% (según la oposición), o sea que para entonces había un 76% de la población que no estaba a favor de Ortega”, recuerda.

No se puede pactar con el sandinismo

Kitty Monterrey, presidenta de Ciudadanos por la Libertad, es una figura marcada por la controversia en la oposición nicaragüense, pues se negó a pactar con la Coalición Nacional al considerar que sus implicaciones con el sandinismo disidente y la izquierda internacional no podían dar un resultado positivo.

“Izquierda es izquierda. Pueden llamarle comunismo, socialismo o progresismo, pero no dejará de ser izquierda. Nosotros en Nicaragua no somos un país de izquierda (…) Se ha tratado de transmitir la idea de que debemos estar unidos y ha sido un gran error. Hay una izquierda que no está con Ortega, pero se trata de un sandinismo que no está en el poder y lo quiere recuperar. No han cambiado”, dice Monterrey en referencia al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) –ahora conocido como UNAMOS– y a la Articulación de Movimientos Sociales Nicaragua.

“Ellos son muy pequeños pero durante años han estado a cargo de múltiples oenegés. Por los recursos que han podido obtener sus relaciones son de primera, no lo niego. En cambio, nosotros, que somos un partido liberal, nos hemos dedicado a trabajar en el territorio. Donde nosotros tenemos una enorme base de afiliados y una estructura territorial real ellos tienen un grupo muy pequeño pero eficiente en cuanto a comunicación”, asegura Monterrey.

Sus posturas anti-sandinismo disidente le han valido una fama de obstruccionista en el camino hacia la unidad opositora, pero la presidenta de Ciudadanos por la Libertad asegura que el partido se ha abierto para permitir una participación amplia por las candidaturas a la presidencia y al Congreso. De hecho, han desistido de postular a un candidato de sus filas a fin de que pueda contender todo aquel que tenga interés –y no tenga un pasado sandinista–.

“Iba hacerse una especie de primaria donde se combinarían debates con encuestas públicas para efectos de que, con una puntuación externa, pudiéramos escoger a la mejor persona. No se pudo. Nos han encarcelado a dos precandidatos que estaban ya inscritos: Arturo Cruz y Juan Sebastián Chamorro, y luego a dos personas más que habían expresado interés, que eran Cristiana Chamorro y Félix Maradiaga. Estamos en una disyuntiva que cambia todo, porque hacer un proceso de elección democrática (del candidato) en esta coyuntura no será posible. Tendremos que ver cómo hacer los ajustes al mecanismo para encontrar a la mejor persona”, adelanta Monterrey.

Ante el escenario actual, la dirigente asegura que “estamos llegando al límite de lo que podemos hacer” para enfrentar a la dictadura de Daniel Ortega.

“La gente tiene mucho temor y el financiamiento va a ser prácticamente imposible. Nosotros existimos porque legalmente ellos no pueden hacer nada para que nosotros no participemos. Sin embargo, ellos tienen la discrecionalidad para arrebatarnos este partido, así como lo hicieron con los dos anteriores. Aquí vivimos sujetos a la voluntad de Ortega”, agrega.

De ocurrir lo anterior, la dirigente considera que los nicaragüenses entenderán con toda certeza que el proceso electoral no tendrá validez alguna. De momento, Monterrey apuesta por la participación masiva.

“Participar en un proceso electoral es la única esperanza que no podemos perder los nicaragüenses. Tenemos que seguir presionando para que haya garantías. Daniel Ortega necesita de estas elecciones, pero nosotros no nos vamos a prestar para un fraude electoral. Si se da un voto masivo de la población vamos a poder ganarle sin problema alguno. Si se las roba, como lo ha hecho antes, ya veremos en ese entonces, pero ese momento todavía no ha llegado”, dice la presidenta.

El plazo para inscribir al próximo candidato está establecido entre el 28 de julio y el 3 de agosto. Pese a la cercanía de la fecha, Monterrey niega tener intenciones de contender.

“Mi objetivo cuando fui electa presidente es poder dejar el legado de un partido donde la democracia se practique desde dentro. No podemos esperar democracia para un país si no empezamos a ser democráticos como institución. Eso es lo que yo quisiera poder coordinar al final de este periodo tan difícil. Yo no tengo interés alguno. No pienso ni he pensado en ser candidata a nada. Ni a la presidencia ni a la Asamblea Nacional”, dice con firmeza.

Pese a la represión imperante, Monterrey dice que hay personas inscritas para participar por la candidatura y otras que todavía no se han inscrito.

“Esta es una situación bien delicada. Hemos visto que están a la cacería de quienes puedan demostrar interés, así que debemos ser cautelosos porque no se trata de exponer a las personas. Sin embargo, no podemos actuar con miedo. Tenemos que dar la cara y mantenernos firmes en la lucha. Yo estoy segura de que entre los precandidatos que tenemos inscritos y otras personas vamos a encontrar al líder que buscamos para enfrentarnos con Ortega”, asevera.

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