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EL SANDINISMO 'DISIDENTE' SE VENDE COMO LA OPCIÓN PARA SUSTITUIR A ORTEGA

Soros y la Administración Biden: piezas clave en el sostenimiento de la falsa oposición en Nicaragua

Daniel Ortega. Europa Press

¿Tiene opción Nicaragua de salir del sandinismo? A juzgar por lo que se observa actualmente pareciera que esto no es posible, debido a intereses políticos.

Daniel Ortega se aferra el poder desde el retorno del sandinismo en 2007; mientras los que gobernaron con Ortega durante la primera dictadura sandinista (1979-1990), hoy disidentes, buscan sacarlo de la presidencia través del «diálogo» y las «elecciones» para rescatar y darle continuidad al proyecto sandinista original.

Han sido 44 años de terror, crimen, confiscaciones y exilio los que ha vivido Nicaragua desde la llegada al poder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en 1979. Desde entonces han gobernado desde el poder y también desde la llanura cuando perdieron la presidencia en 1990, pero sus tentáculos en las Fuerzas Armadas y las instituciones del Estado nunca se perdieron.

Hoy los nicaragüenses se enfrentan a tres escenarios políticos, dos de ellos involucran al sandinismo, el oficialista y la «oposición» a Daniel Ortega, que al final son un solo sandinismo, ese que busca aparentar que no hay más opciones políticas pese a que no cuentan con apoyo popular y de ser letales para la seguridad de los nicaragüenses y el desarrollo del país, como lo demuestra la historia.

El tercero, es el antisandinismo, que es la mayoría de los nicaragüenses, una conclusión respaldada por las encuestas que revela que más del 70% de la población no tienen afinidad con ninguna agrupación política. 

A ver, el primero de estos escenarios cuenta con el poder y el respaldo de las Fuerzas Armadas.  El segundo, con una red internacional de apoyo y financiamiento de la izquierda, del Gobierno de Estados Unidos y de Europa, a pesar de que no gozan de aceptación popular y de tener una escasa estructura en Nicaragua. El sandinismo disidente a Ortega también cuenta con el apoyo de algunos sectores opositores que se muestran complacientes con el sandinismo, aunque aseguran tener una línea liberal, de derecha.

El escenario antisandinista apuesta por la desaparición de esta corriente de la política en Nicaragua, por el legado de violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, esta opción no cuenta con recursos ni apoyo mediático y tiene poca organización. Una de sus características es la desconfianza generalizada y además se enfrenta a descalificaciones y ataques del sandinismo oficialista y el disidente.

Los dólares de Soros y la línea socialista

Uno de los apoyos financieros a la disidencia de Ortega es la Open Society Foundation (OSF) -una de las organizaciones del magnate George Soros con las que busca influir en la política mundial- que financia medios de comunicación alineados al Movimiento Renovador Sandinista (MRS, hoy Unamos), y a organizaciones de izquierda vinculadas al feminismo y el medio ambiente. El propósito es fortalecer liderazgos en grupos que respaldan la Agenda 2030.

El MRS–Unamos, fue fundado por exguerrilleros, hoy disidentes de Ortega, señalados de crímenes, terrorismo y robos durante el primer régimen sandinista.

La OSF nombró recientemente a la expresidenta de Unamos, Suyen Barahona, directora para administrar un nuevo fondo de 25 millones de dólares dirigidos a «apoyar y alentar a las mujeres en la política». Ella podrá contratar al personal a su discreción.

Meses antes Mónica López Baltodano, hija de la exguerrillera sandinista Mónica Baltodano, fue nombrada oficial de programa de la OSF para Centroamérica. López Baltodano dirigía la organización Popol Na, cuyas oficinas estaban en una propiedad confiscada por el FSLN durante el primer régimen sandinista, un bien ubicado en una zona exclusiva que Baltodano se adjudicó a través de La Piñata, la Ley que legalizó el mega robo de propiedades en manos de sandinistas y que los nicaragüenses siguen pagando a sus antiguos propietarios.

En julio la juventud de Unamos se integró a la Unión Internacional de Juventudes Socialistas (IUSY). Luis Blandón, de la juventud Unamos, que reside en España, fue nombrado recientemente presidente de Unamos, en sustitución de Barahona, lo que confirma la tendencia ideológica de esa agrupación.

Y aunque las estructuras del sandinismo disidente a Ortega han sido tradicionalmente escasas, han logrado tener presencia mediática, controlan la cobertura de medios y no dan espacio a otros liderazgos, han creado una red internacional de apoyo principalmente con la izquierda a través de la cual buscan posicionarse como los líderes de la oposición, un sueño hasta ahora frustrado.

Sin embargo, ese hecho es un obstáculo para otras agrupaciones políticas, incluidas los de centroderecha que siguen oxigenando al MRS.

Razones ideológicas

A casi seis años del estallido social de abril de 2018, no existe un liderazgo opositor que aglutine a los nicaragüenses. Las razones son ideológicas afirma el comentarista político, expreso político y desterrado, Jaime Arellano.

«La oposición en Nicaragua quiere cambios totales, no quiere ninguna versión del sandinismo. La disidencia sandinista se opone a Ortega, no es oposición al sandinismo. Quiere establecer su versión del sandinismo probablemente tan radical como la que hubo en los años 80, o aparenta ser más moderada, pero al fin y al cabo quiere la permanencia del sandinismo», señala el comunicador.

A su juicio, la comunidad internacional, «especialmente Estados Unidos y la Unión Europea insisten en que debe haber una unidad y que la oposición debe estar integrada con la disidencia sandinista, pero eso no ha funcionado», añadió.

«La lucha para recuperar Nicaragua es por partes. Lo primero es convencer a la comunidad internacional que tratar de unir a la oposición al sandinismo con la disidencia sandinista es algo que no es viable».

«Mientras sigan gastando la cantidad de dinero que están gastando, y desperdiciando el tiempo, esto va a seguir pasando. No va a haber ningún resultado positivo, por eso lo primero que dije una vez que salí libre y recupere mi salud cuando hice un llamado a la comunidad internacional y a los Estados Unidos a detener los desembolsos mientras no se hiciera una auditoría sobre la eficacia y la eficiencia de la estrategia que se está realizando. Vemos cómo se han gastado millones de dólares desde el 2018 hasta el 2021 tratando de unir a la Alianza Cívica y la Coalición Nacional. Se les dio dinero a ambas organizaciones, los llevaron a Panamá, a El Salvador, los reunían en Nicaragua y no dio resultado«, señala.

Agregó que después fue creado Monteverde, una organización que asegura trabajar en pro de la unidad, pero mantiene sigilo sobre sus actividades políticas e integrantes.

«Patricio Gajardo, quien es el delegado de los Estados Unidos, está coordinando la Coalición y la Alianza Cívica, y además es encargado de la contraparte internacional de Monteverde, tratando de revivir la nueva versión de esas organizaciones. Ya hemos visto que es un fracaso, como era de esperarse».

«Por eso insisto que los ciudadanos de origen nicaragüense que votan en Estados Unidos deben exigir a sus congresistas, a los senadores, a que se paren los desembolsos, pues se está gastando una cantidad increíble, inaudita, para que sigan viviendo de esto, porque han ocupado esto como su modo de vida», afirmó el expreso político del régimen sandinista.  

Unidad en función de derrotar a Ortega

«Los exaliados de Ortega quieren sacarlo para ellos tomar el poder, y eso no significaría ningún cambio, no es viable. Ya se cometió ese error en 1990 con el Gobierno de Violeta Barrios. Trataron de unirse con la disidencia del Frente Sandinista y vimos que no dio resultados y que siguieron debilitando la institucionalidad del país. Socavaron la democracia y para colmo Arnoldo Alemán destruyó cualquier esperanza de erradicar el sandinismo en Nicaragua», apunta el entrevistado.

Sin embargo, hay algunos grupos que creen necesaria la unidad con sandinistas no orteguistas, apuestan a poner a un lado las diferencias ideológicas, que una vez destituido Ortega podrían resolverse.

Marlon Navarrete, de la Mesa de Concertación Democrática, dijo que el MRS «tiene su agenda propia y con sus conexiones internacionales junto al último desembolso que recibieron con la Fundación de Soros estarán más distanciados de los proyectos de unidad. Sencillamente, ellos quieren diálogo y elecciones, esperan que los europeos y el Departamento de Estado les den en bandeja el poder».

Una estrategia similar a la de 1979, cuando por presión de la comunidad internacional el régimen de Anastasio Somoza Debayle, entregó el poder.

La falta de visibilidad de la línea conservadora

Pese a todo lo expuesto Arellano sostiene que «sí hay liderazgo de derecha» en Nicaragua, quien afirma que sus representantes están dispersos ante la falta de recursos.

«No tienen el respaldo económico que tienen los autollamados líderes de la oposición, que tienen el respaldo de los medios de comunicación y entonces lo que no se puede confundir es la escasez de liderazgos con la falta de visibilidad; son dos cosas diferentes. Si hay liderazgo antisandinista y de derecha, que una vez que logremos estructurar esta fase los liderazgos van a poder ser reconocidos a nivel internacional y nacional y ahí vas a poder establecer esa coordinación entre los liderazgos que están en Nicaragua y los que están en el exterior que no tienen la visibilidad que les da el apoyo económico, la influencia política que han logrado los autonombrados líderes de la oposición actual», indica.

Arellano cree que sacar a Ortega del poder no es algo realizable en el corto plazo y debe ser estructurarse como un plan por etapas. «Mientras haya una administración demócrata no va a haber sanciones fuertes hacia la dictadura de Ortega, solo sanciones de relaciones públicas con suspensión de visas que no tienen ningún impacto, solamente las sanciones no van a sacar a Ortega, pero son armas que hay que tener y usarlas para ir creando las condiciones necesarias para obligar a Ortega a salir de Nicaragua».

El comentarista político cree que es necesario un cambio de Gobierno en Estados Unidos y evitar que continúe la administración demócrata en la Casa Blanca.

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