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LA GACETA DE LA SEMANA

Del terrorismo «light» a la cruzada del ministro Urtasun contra el patrimonio museístico nacional

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Europa Press

La melancolía. España ha entrado, definitivamente, en estado melancólico. Es esta una enfermedad grave, aplastamiento de los ánimos y las energías. Ya incluso ni la verborrea inconexa, carente de cualquier sentido común, de la vice Díaz causa estupor. Nos hemos habituado a las constantes mentiras de Sánchez. A la grosería de Patxi, a la chulería de Puente y a ese balbuceo de roedor con que Bolaños tritura la verdad, la realidad. El gobierno persevera a diario en su objetivo de sumir a los españoles en una profunda depresión, y a fe mía que lo está consiguiendo.

El buen descolonizador. Gracia del mito recio, aventurero, este Reino hizo tanto como el que más por la civilizadora cristiandad. Conocimiento que no atesora el ministro de incultura, el que confunde colonias con virreinatos y a quien el discurso «anticolonialista» le debe poner cachondo. Aunque sea un anacronismo como una casa. Toda esta bazofia intelectual sale de las facultades de letras, verdaderos museos con telarañas y escenas del socialismo real. Un producto kitsch que hoy calienta sillón en el gran consejo de aduladores del sanchismo. Ernest, así se llama el pijete de las causas históricas, quiere cargarse la museística nacional, o sea, el patrimonio expuesto para que el pueblo lo vea, aprenda y se regocije entre belleza y testimonio. Uno tiembla al imaginar qué colgaría Ernesto en las paredes, con cuáles lienzos substituiría a los detestables Goya, Velázquez, Murillo o Sorolla. Quizás, como apuntábamos, llenaría El Prado de retratos soviéticos de Stalin o escenas heroicas de la Larga Marcha del otro camarada genocida, Mao. También podría colgar el póster del Che y algún óleo de Zapata galopando.

Los supremos derechos. Ya desde Zapatero comenzó a inculcarse entre los jóvenes la idea de que los derechos eran mucho más importantes que los deberes. ¡Derechos, derechos! Se ha llegado a decir que el constitucional derecho a la vivienda significa que a uno el Estado le debe regalar un piso. Claro, los políticos de la calaña zapateril vieron en el asunto una mina, regalar los oídos al electorado, mimarlo, atontarlo hasta que, como un cuerpo bobo, votara lo correcto. Y no a quien, malvado, les pintaba una realidad diferente, la necesidad de esforzarse, de ganarse el pan, vaya. En definitiva, el discurso adulto ha sido borrado del debate. Así se destruyen las sociedades. Lo ponía de relieve en este medio la siempre dinámica Carmen Álvarez: «El secreto que desconoce esta parte de la juventud, que no toda es así, es que el esfuerzo y la tenacidad en el desempeño de los pequeños trabajos, de las becas, de ayudas voluntarias no pagadas, suele producir resultados. No es una regla escrita, pero lo más normal es que a nadie le regalen nada».

El espía que me amó. Parece que, ya siendo Sánchez inquilino de Moncloa, el CNI pinchó el teléfono de Pere Aragonés, a la sazón vicepresidente de la Generalidad. No conocemos la repercusión que el asunto pueda tener en las fluidas relaciones entre ambos estadistas. Aventuro que no pasará la cosa de un solemne y sentido discurso del catalán contra la malvada España y, por parte del socialista, inventarse algún conflicto o sacar una nueva medida progresista que cope la actualidad.

Centenario leninista. Polémica en el centenario de la muerte de Vladimir. Todavía quedan nostálgicos del terror político. «No olvidemos que teoría y práctica van unidas, y que como él [Lenin] escribió hay que soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de comparar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizarlos meticulosamente», manifestaba un demócrata pata negra del BNG. Lenin, aprendiz del abogado Robespierre, mejoró sus métodos políticos adaptándolos a la realidad rusa y creando, en definitiva, el modelo revolucionario para el siglo veinte. Logra José Javier Esparza un exacto retrato en las páginas de LA GACETA: «prototipo absoluto del revolucionario moderno, más incluso que sus abuelos jacobinos, encarna todo lo que de criminal hay en el despliegue de las ideologías de nuestro tiempo».

Pedro. Su adicción al poder no conoce límites. Hemos conocido que existe el terrorismo light, como esas bebidas que te acaban matando pero cuidando de tu salud. Y el PSOE, como un todo, defendiendo tan grotesco argumento. Es un partido monolítico, vulgar y sectario. Un poco a semejanza de las organizaciones socialistas en los regímenes más allá del telón de acero. Y Pedro, el líder, padre de la patria, conducator.

¿El fin? Bueno, la idea misma de la España democrática y con fe en ella misma se escapa entre nuestros dedos cual fina arena.

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