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CRÓNICAS DEL ATLÁNTICO NORTE

Estados Unidos ya sufre el modelo migratorio de la UE

Inmigrantes tratando de cruzar la frontera para entrar en Estados Unidos. Europa Press.
Inmigrantes tratando de cruzar la frontera para entrar en Estados Unidos. Europa Press.

La situación fronteriza en Estados Unidos es cada vez más dramática. Entre la inacción y la improvisación, Biden está alimentando más y más la crisis migratoria, y la ola descontrolada está causando estragos también en territorio demócrata, como Nueva York. «El alcalde de la ciudad de Nueva York, Eric Adams, ha proclamado que la incapacidad de dar cabida a la afluencia de inmigrantes ‘destruirá la ciudad de Nueva York’ (si las ratas no logran hacerlo primero)», escribe Bradley Devlin en The American Conservative, «y el estado de Massachusetts ha decidido violar sus propias leyes santuario. La administración del presidente Joe Biden ha hecho lo impensable: erigir sigilosamente algunas secciones más del muro fronterizo del expresidente Trump». 

Tras relatar, entre otros incidentes provocados por el caos, cómo un café derramado y un hombre que intentó saltarse la cola terminó en una violenta pelea entre más de 400 inmigrantes en un centro de acogida de Nueva York, el autor concluye que «la inmigración sin restricciones ha desempeñado un papel importante en la destrucción del sueño americano de muchos estadounidenses trabajadores y de clase media. Al parecer, algo que no ha logrado matar es la ironía».

La crisis migratoria en Estados Unidos guarda un montón de similitudes con la europea, y la actitud de la Casa Blanca recuerda cada vez más a la que han mostrado las élites políticas del Viejo Continente durante años. «Sin aparente consideración ni por el sentimiento público ni por los hechos», escribe Ed Brodow en Bizcap Review, «Biden continúa permitiendo el maremoto [de inmigrantes], la razón oculta (la que Biden se niega a reconocer) es la intención del Partido Demócrata de inundar Estados Unidos con millones de nuevos votantes bajo el supuesto de que la mayoría de ellos votará por los demócratas».

Y tal vez la clave la aporta el mismo autor más adelante: «Un segundo argumento a favor de la inmigración irrestricta es que somos un país de inmigrantes. Si bien eso es cierto, la situación actual es muy diferente a cualquier cosa que hayamos enfrentado en el pasado. Históricamente, los inmigrantes no llegaron a nuestras costas con la intención de destruir nuestros valores y nuestra civilización. Al contrario, querían americanizarse». «Querían que sus hijos fueran estadounidenses. Nada de esto parece aplicarse a la actual cosecha de inmigrantes», prosigue, «en lugar de beneficiarse de la experiencia de Europa, Estados Unidos está ignorando la lección de que la inmigración descontrolada de personas que se niegan a asimilarse puede ser suicida para el país anfitrión».

No muy alejado, en el fondo, al problema migratorio, la Norte América institucional sigue pisando charcos y devaluándose, a costa de la invasión woke. El psicólogo y psicoanalista Lucas A. Klein denuncia en City Journal cómo el hecho de que la American Psychoanalytic Association haya asumido la idea de la existencia de un «racismo sistémico» en la profesión está terminando por destruir la eficacia de estas terapias, desde que la organización comenzó su particular revolución racial en 2020, de la mano de las protestas de BLM.

«Como psicoanalista en ejercicio, cuando veo a un hombre negro experimentando angustia psicológica, la ‘lente analítica racial’ me animaría a no centrarme principalmente en sus problemas inconscientes relacionados con la educación y la familia, sino a insistir en su ‘opresión’ interiorizada. Por otro lado, si veo a una mujer blanca lidiando con la depresión después de un divorcio, la lente racial me incitaría a descubrir cómo su ‘supremacía blanca’ contribuyó al colapso de su matrimonio». «Lejos de curar las enfermedades mentales», continúa,»esta falacia lógica puede llevar a las personas a una espiral mental más profunda».

«Esta fijación racial contribuye a la destrucción del psicoanálisis», sentencia, «el objetivo de nuestro oficio es ayudar a las personas a profundizar en la causa verdadera y específica de sus problemas, no decirles que son víctimas o malhechores cuyos problemas no tienen solución. Se supone que debemos empoderar a las personas con un sentido más verdadero de quiénes son, no inmovilizarlas empujándolas a un lugar predeterminado en una estructura de poder. Ese enfoque cultiva la impotencia, la ira y la obsesión, no la empatía, la comprensión y la resolución. Los problemas mentales empeoran cuando el inconsciente no se enfrenta». 

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