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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La carta de Rajoy: ¿para Puigdemont o para la Comunidad Internacional?

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, durante su comparecencia hoy en Moncloa después de que el Ejecutivo haya recibido la respuesta de Puigdemont a su requerimiento. Sáenz de Santamaría ha respondido hoy al llamamiento al diálogo del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, subrayando que "el diálogo no se exige, se practica", y le ha advertido de que cumplir la Ley es el "mínimo exigible" para hablar. EFE/Chema Moya

Comparecencia en Moncloa y carta de Mariano Rajoy tras la carta de Carles Puigdemont. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, confirma que no se da por válida la respuesta y que se activa el segundo -y, en teoría definitivo- plazo: hasta el jueves a las 10.00 para revocar la declaración de independencia o se activa el 155. ¿De qué manera? El Gobierno sigue sin querer adelantar las medidas.
Mientras, Mariano Rajoy difunde una carta dirigida a Carles Puigdemont pero con numerosos detalles legales que parecen encaminados, más bien, a explicar a la Comunidad Internacional qué pasará en los próximos días. Vamos con el análisis:

Las palabras de Santamaría

«No era muy difícil decir sí o no, sólo se le pedía o se le pide claridad» ha comenzado la vicepresidenta su intervención, en la que ha lamentado la «incertidumbre deliberada» del juego de Puigdemont.
Después, un nuevo llamado a la «seriedad» y a la vuelta a la senda democrática. «El Gobierno espera que las horas que faltan para que se cumpla ese requerimiento Puigdemont responda con la seriedad que los ciudadanos le exigen. No se entiende el empeño en la confusión salvo que responda a sus apoyos más radicales para tensar la situación al límite», ha dicho la vicepresidenta en referencia a la CUP, que, por su parte, asegura haber conocido el contenido de la carta con su difusión, no de forma previa.
El Gobierno, que considera que la carta de Puigdemont está escrita más para «convencer a alguien en el exterior» que para calmar las preocupaciones de la ciudadanía catalana, sigue tendiendo la mano al diálogo en el Congreso, al que insistentemente invita a Puigdemont. No se ha hecho referencia, eso sí, a la solicitud de reunión con Mariano Rajoy que aparece en la carta de Puigdemont.

Sin información sobre próximas medidas

Preguntada por las medidas que se activarían en caso de no haberse producido un cambio de actitud de aquí al final del siguiente plazo, el jueves a las 10.00, la vicepresidenta ha mantenido silencio. «Tenemos la impresión de que [los separatistas catalanes] quieren que entremos ya a explicar las medidas del 155. Hay que recordar a Puigdemont que el artículo 155 no es para suspender el autogobierno, sino para que se ejercite el autogobierno con arreglo a la legalidad estatutaria». «No vamos a adelantar las medidas».

La carta de Mariano Rajoy

El presidente del Gobierno firma un nuevo capítulo de la relación epistolar Cataluña-Moncloa. «Lamento profundamente que haya decidido usted, como presidente de la Generalita (…) no contestar al requerimiento remitido el pasado 11 de octubre y no aclarar el extremos de si alguna autoridad de la Generalitat ha declarado la independencia de Cataluña». Es la primera pista de a quién va dirigida realmente esta carta. ¿Por qué ese repaso de lo que el propio Puigdemont ha hecho y sabe, por tanto, que ha hecho? ¿No será que Mariano Rajoy está describiendo con detalle a cualquier observador internacional qué es lo que ha pasado -y va a pasar- en Cataluña?
Seguimos con el análisis:
«Esta es una aclaración absolutamente necesaria. No sólo el Gobierno de España, sino todos los catalanes, tienen derecho a saber con certeza si su declaración del 10 de octubre de 2017 ante el Pleno del Parlamento o la firma posterior de un documento redactado en términos inequívocos, implican la declaración de independencia, al margen de que ésta se encuentre o no en vigor». Seguimos, por tanto, con la mera descripción de los hechos, que continúa, por parte de Rajoy, en el cuarto párrafo de la misiva.
«El requerimiento que yo le envié supone el paso previo al procedimiento establecido en el artículo 155 de la Constitución que, en contra de lo que usted afirma, no implica la suspensión del autogobierno, sino la restauración de la legalidad en la autonomía».
El presidente del Gobierno, en ese repaso histórico, describe la situación real de los ciudadanos catalanes. Para que conste, quizá, fuera de España: «Nunca en toda su historia los ciudadanos de Cataluña han gozado de más libertades, de más autonomía política y financiera que durante esta etapa democrática», explica.

Rajoy, también por el diálogo

Pero, además de ese repaso histórico, también hay ofrecimientos a la vuelta al diálogo: «El requerimiento es una oportunidad para reconducir el grave deterioro de la convivencia que se vive en Cataluña», dice. «Este marco  [el Congreso] es el mejor y el más eficaz para el diálogo que usted reclama y en él pueden abordarse algunas de las demandas que usted ha venido planteando… Le invito de nuevo a comparecer en el Parlamento y trasladar sus demandas a los legítimos representantes de la soberanía nacional, que son los únicos que pueden entender de las mismas».

Y… la despedida

Es en la despedida cuando Mariano Rajoy explica a Puigdemont -y quizá a no pocos observadores internacionales- qué puede pasar a partir de ahora en Cataluña: «aún tiene margen para contestar de forma clara y sencilla al requerimiento que le remití el pasado miércoles. Sigue estando en su mano abrir un nuevo periodo de normalidad y lealtad institucional que todo el mundo le está reclamando. En caso contrario, será Usted el único responsable de la aplicación de la Constitución».

El análisis editorial

Tras las cartas de Carles Puigdemont y Mariano Rajoy  y la comparecencia de la vicepresidenta del Gobierno, la realidad de España es la misma que hace un día, una semana y un mes.
La legalidad vigente ha dejado de contar en Cataluña, donde los  gobernantes separatistas desoyen las resoluciones del Tribunal Constitucional, llevan a cabo actos a todas luces ilegales y limitan la libertad de expresión de quienes no piensan como ellos.
Mientras, el Gobierno de España, que tiene en sus manos las herramientas para poner fin a este trágico sainete, se limita a enumerar, bien los delitos presuntamente cometidos por el separatismo, bien las nocivas consecuencias que su actitud produce en Cataluña y el resto de España.
Y este lunes, no hace sino otorgar un nuevo plazo a los golpistas para que España siga siendo, durante cuatro días más, objeto de análisis y titular por parte de la prensa internacional y escenario del odio del radicalismo. Es hora -lo era hace tiempo- de aplicar el artículo 155.
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