Occidente y la batalla por la libertad tras la caída de Afganistán

PODRÍA SER DERROTADO POR INCAPACIDAD E INEPTITUD
Un hombre lleva a una niña al Aeropuerto Internacional Hamid Karzai en Kabul, Afganistán, 16 de agosto de 2021 - Reuters

Occidente podría ser derrotado más que por cobardía, por incapacidad e ineptitud. Kabul y las imágenes del espanto y la fuga que rememoran a la caída de Saigón, permiten observar en vivo y directo las consecuencias de políticas erróneas aplicadas desde las oficinas del Pentágono o del Departamento de Estado, concertadas en Bruselas y pasadas además por el agua tibia de la ONU. Erróneas desde su partida, pues se originan en la incomprensión que lleva irremediablemente al error.

No han sido cobardes los miles de soldados que han arriesgado sus vidas a lo largo de veinte años para defender los valores de la libertad en tierras ajenas. Tierras ajenas que como el adagio previene, son muy hostiles cuando se adora a otro Dios. Por EEUU, España y toda Europa hay testimonio viviente de esta desgracia. Muchachos que se hicieron hombres en Kandahar o Tora Bora. Soldados que no sabían lo que era un combate hasta que les tocó llegar a Kabul. Comandados por oficiales que se ganaron sus ascensos en batallas donde lo último que pasaba por sus cabezas era la estrella que lucirían si salían vivos. Porque se trataba de eso, simplemente: de salir vivos.

¿Qué estarán pensando las miles de familias desmembradas por haber concedido a la lucha por la libertad la vida de alguno de los suyos en esta guerra, cuando ven las imágenes del Talibán entrando mansamente en el palacio de gobierno en Kabul, sin resistencia alguna? ¿Qué puede pensar el combatiente que arriesgó su vida y la puso al servicio de la libertad, cuando ve a la multitud de ciudadanos corriendo al aeropuerto de Kabul con la vida en una maleta, intentando ir a alguna parte donde no lo sometan por el resto de su vida, si es que la logra conservar?

Que no valió la pena. Que la lucha por la libertad no vale la pena. Y ese daño puede ser irrecuperable.

El error conceptual de siempre

Ese oxímoron que es la “inteligencia militar” siempre obvia el tema cultural cuando se trata de abordar los conflictos. En Afganistán hicieron el trabajo de conocer la cultura pastún, la cultura farsi y los elementos que en dicha sociedad privan a la hora de las relaciones de poder. Pero he aquí lo importante, lo garrafal: conociendo las características culturales y el equilibrio de poderes de una sociedad hecha a los trompicones por siglos, se dispusieron a cambiarla, porque sí. Porque Occidente puede importar sus valores y conceptos cual cajita feliz de McDonalds y cambiar el mundo con papas fritas y gaseosa regular, más un lindo muñequito para jugar.

El esnobismo occidental nos lleva a preguntarnos por qué una gente decide vivir como si estuvieran en el siglo VIII y pensamos que es una anormalidad. Por tanto, decidimos que tenemos que hacerles el favor de hacerlos conocer la forma republicana de gobierno, la división de poderes y la democracia. Además, decidimos que tienen que abandonar su modo de vida para poder progresar, porque el progreso es  nuestro, ellos están atrasados.

Pasan por alto a los amish y los menonitas. Esos cristianos que deciden vivir en un entorno sin tecnologías ni división de poderes y esas cosas. Ahí están en su vida, tranquilos.

Son los talibán los amish del islam. El problema es que están armados y además se han aliado con terroristas que atacaron a Occidente de forma vil e inmisericorde.

Pero ¿quién armó a los talibán? Occidente. Si en algún momento los amish se sintieran amenazados en su entorno y llegara alguien y los armara para que se defendieran, muy seguramente veríamos a unos amish entrando a la fuerza en un palacio de gobierno a imponerle sus creencias y modo de vida a toda una Nación, si eso garantiza que los dejen en paz y no los persigan más.

Siendo así, volvamos a la gran pregunta: ¿qué debe hacer Occidente para defenderse?

La respuesta es consolidar nuestra libertad

Los progres se dispararán por estos días a hacer fiesta, pregonando que EEUU fue derrotado y que el imperialismo cayó derrotado frente a la fuerza del pueblo afgano. Por supuesto, lo dirán desde la tranquilidad que las comodidades del primer mundo otorgan, no lo dirán con una maleta en la mano en el aeropuerto de Kabul.

¿Dónde está la mayor amenaza a Occidente? ¿En el talibán arrasando Kabul o en el progre que dentro de nuestra sociedad pretende imponernos acabar con nuestras libertades?

Quizás, el talibán pueda imponerse en Afganistán y no podamos hacer nada con eso. Pero… ¿qué pasa con el talibán progre que pretende que tengo obligatoriamente que dejar de comer carne porque al no ser vegano estoy contaminando al mundo y por mi culpa se inundan las ciudades? Porque en esa regla de tres imperfecta de la progresía vegana, las inundaciones, los incendios y las olas de calor o de frío, son culpa del steak a la pimienta o del jamón.  Por esto, tenemos que comer pasto y leche de almendras.

¿No estamos notando, entonces, que la batalla cultural no es en Afganistán sino aquí, dentro de nuestras casas?

La única forma de imponer la libertad es siendo libres de verdad, hay que derrotar al enemigo de la libertad que se nos metió en nuestros hogares. Y no precisamente con ese monstruo imaginario de la ideología de género que pretenden ver en cualquiera que se declare gay, sino en el problema de fondo que es la imposición de modelos educativos para arrasar con las libertades.

Termina siendo más libre una afgana con su burka en Kandahar que una mujer en Madrid que decide que no quiere ser feminista, ni anti-monárquica ni vegana. O quizás, igual de sometidas: deben callarse sus pensamientos y termina la española o al francesa o la alemana o la inglesa, cubierta por un burka imaginario en la que no puede expresar lo que piensa, pues será lapidada en esa maldita cultura de la cancelación. Ese universo de feministas resilientes, lanzarán contra ella la primera, la segunda y la tercera piedra de la sororidad. Pero lapidada será.

Por todo lo anterior, termina siendo más peligroso un socialista en el poder en España que un talibán entrando a Kabul. Es peor un Castillo en Perú que un muhaidín en Kandahar, si hablamos de la libertad de Occidente.

Pero quienes hablan de libertad en Occidente, prefieren ver hacia afuera y no hacia dentro. La amenaza interior es hoy más grave que nunca. Y el socialismo destructor, peor que el talibán, nos pondrá la burka censora a todos. No solo a las mujeres. Y al tenerla encima, será demasiado tarde. No habrá un sitio al cual escapar. No habrá refugiados europeos huyendo a China para encontrar libertad.

Ojalá seamos capaces de entenderlo, antes de que nos toque correr con nuestra vida en una maleta por la pista de un aeropuerto cualquiera.

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