'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

‘Al final es el cuerpo a cuerpo’. La realidad de las vallas de Ceuta y Melilla

Unos doscientos inmigrantes subsaharianos han logrado cruzar el paso fronterizo del Tarajal, en la ciudad autónoma de Ceuta. En la imagen, un grupo de inmigrantes celebra su llegada | EFE

Policía y Guardia Civil se defienden, molestos, de las críticas vertidas contra ellos por una labor a la que, recuerdan, les obliga la ley: proteger fronteras y evitar inmigración ilegal

«La vida del inmigrante es lo primero». Esta es la máxima con la que actúan los policías y guardias civiles destinados en las fronteras de Ceuta y Melilla, tal y como reiteran a Efe molestos por las críticas que a veces les llueven por una «incomprendida» labor que solo tiene un objetivo: «cumplir la ley».

Una de estas críticas ha venido de la mano de organizaciones como Amnistía Internacional, que esta misma semana ha denunciado la «inaceptable» actuación policial, «a base de patadas y porrazos», con la que agentes de la Policía Nacional intentaron frenar la entrada en Ceuta de un numeroso grupo de inmigrantes. También por parte de la alcaldesa de Madrid quien ha señalado ella  que «interiormente aplaude por los que han saltado la valla».


Solo cinco agentes estaban en ese momento, según han relatado a Efe fuentes policiales, ya que la mayoría de los efectivos estaban desplegados en la Operación Fin de Feria de Ceuta y los que se quedaron apenas pudieron contener la avalancha de inmigrantes.

Las mafias, al tanto de todo

Las mafias que trafican con los subsaharianos lo sabían y aprovecharon que había menos agentes para entrar, añade a Efe un policía, en tanto que otro lo atribuye también a un fallo de los servicios de Información de Marruecos.

En ese intento de interceptarles, un agente puso una zancadilla a un inmigrante, pero el propio policía resultó herido con una fractura abierta de tibia y peroné.

Agentes destinados en Ceuta y Melilla consultados por Efe desean sacudirse esa imagen de violencia que les atribuyen algunos y, por el contrario, quieren insistir en que para ellos la integridad física de los inmigrantes está por encima de todo.

Remarcan la obligación que les atribuye la ley de preservar las fronteras y de evitar que se franqueen de forma ilegal

No obstante, remarcan la obligación que les atribuye la ley de preservar las fronteras y de evitar que se franqueen de forma ilegal. Una función para la que echan de menos más medios, tanto personales como materiales, que las autoridades españolas intentan compensar con «parches».

Porque, según recuerdan los consultados, aunque en verano los intentos de asalto a la valla son más numerosos o aparecen más en los medios de comunicación, esta situación se mantiene durante todo el año.

Solo tus manos y tu cuerpo

Y por ese déficit de medios, un agente destinado en Ceuta resume cómo tienen que actuar ante las avalanchas de inmigrantes: «Al final es el cuerpo a cuerpo porque no tenemos ni siquiera pistolas eléctricas. Solo tus manos y tu cuerpo», dice.

De este modo, los funcionarios de la Policía y de la Guardia Civil tienen que enfrentarse a personas «jóvenes y muy fuertes» -y «para nada delgadas o desfallecidas», apostilla uno de ellos- que, en su deseo de alcanzar una vida mejor, no dudan en utilizar objetos contundentes o punzantes, como cizallas, barras de hierro u hondas para lanzar piedras.

«Últimamente, y aleccionados por esas mafias, se comportan de forma más agresiva», lamenta un guardia civil que, como ejemplo, recuerda que no hace mucho un inmigrante portaba un palo de dos metros al que había colocado en su punta un cuchillo.

Cizallas, barras de hierro u hondas para lanzar piedras contra los agentes de las fronteras

Lógicamente, quieren «cruzar como sea» y los agentes solo pueden utilizar «esprays y poco más», señala otro guardia antes de reconocer que desde los sucesos del Tarajal, cuando murieron quince inmigrantes, los miembros de las fuerzas de seguridad, que también se juegan su integridad física, actúan «más cohibidos», entre otras cosas por la inseguridad jurídica de su trabajo.

Un oficial del instituto armado asegura que su gente «lo tiene claro» y sabe que no tiene que hacer nada cuando el inmigrante está encaramado a la valla. «Todo lo más, esperarle abajo» porque «lo primero es su vida».

Impotencia es la palabra con la todos los consultados resumen su situación. Y hay algo que tienen muy claro: «Si Marruecos no controla antes a los inmigrantes en su territorio, aquí ya no podemos hacer nada. O casi nada».

 

*Una crónica de Sagrario Ortega (Agencia EFE)

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