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LA DERROTA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Rotherham: torturas y abusos a miles de niñas en nombre de Alá

La sentencia a los acusados por la mayor trama de abusos sexuales del Reino Unido es silenciada para "no herir" sensibilidades.

Arturo García
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Mientras los medios europeos llenan sus portadas cargando contra Donald Trump, la sentencia a los acusados por la mayor trama de abusos sexuales del Reino Unido es silenciada para "no herir" sensibilidades.

El informe de la profesora Alexis Jay en 2014 destapaba uno de los mayores escándalos sexuales en la historia del Reino Unido. Al menos 1.400 niños fueron víctimas de una explotación sexual "atroz" en Rotherham desde 1997 hasta 2012 con la complicidad de las autoridades, que no tomaron medidas contra los agresores para no herir sensibilidades.

“Es difícil describir la naturaleza atroz de los abusos que sufrieron los niños. Fueron violados en grupo, víctimas de la trata a otros pueblos y ciudades del norte de Inglaterra, secuestrados, golpeados e intimidados”. Así comenzaba el documento de Alexis Jay, que cuenta cómo niñas de apenas 11 años fueron violadas, amenazadas con armas de fuego y obligadas a presenciar brutales y violentas violaciones.

El silencio mediático en torno a los acusados ha sido llamativo. Mientras los medios europeos copan sus portadas con noticias contra Donald Trump, pasan por alto una nueva sentencia a varios acusados por la trama de abusos sexuales sistemáticos. El pasado día 2, otros seis hombres fueron condenados a penas de hasta 20 años de prisión por un tribunal británico después del testimonio de dos niñas que sufrieron los citados abusos entre 1999 y 2001. De hecho, una de las chicas se quedó embarazada con tan sólo 12 años tras una agresión al grito de 'Alá es grande'.

'El desprecio a las víctimas'

Lo que ocurría en Rotherham era un secreto a voces, pero nadie hizo nada para evitarlo. La Policía no dio prioridad al problema y trató con indiferencia a gran parte de las víctimas. Tres informes policiales -de los años 2002, 2003 y 2006- describían con crudeza la situación. Sin embargo, las autoridades desestimaron el primero y rechazaron los otros dos, que podrían haber acabado con los abusos sexuales en la zona.

El fenómeno llegó por primera vez a los tribunales en Birmingham en 1989, pero el acusado no fue un paquistaní, sino un sij que intentó vengar los abusos sufridos por sus hijas. De hecho, en la investigación aparecen varios testimonios de padres que trataron de liberar a sus hijas y fueron amenazados por la Policía con levantar contra ellos cargos de 'racismo'.

Una investigación de la Junta de Protección del menor puso de manifiesto la gravedad de los hechos ocurridos. Malcon Stevens, de Justice Care Solutions, descubrió diversos delitos sexuales cometidos contra niñas por hombres de 20 a 29 años y calificó la situación como "extremadamente grave".

Las evidencias de que las autoridades conocían la situación eran notables. Resulta "difícil de creer", en palabras de Jay, que ningún alto cargo estuviera al tanto de lo que ocurría en la localidad. No obstante, en 2007 pusieron en marcha Risky Businnes para tratar de combatir este tipo de prácticas.

El silencio oficial, sin embargo, era sintomático. Tras la publicación del informe de Jay, todos coincidieron en señalar que el "miedo" a ser considerados racistas influyó en los dirigentes. El hecho de que la mayor parte de los agresores fueran paquistaníes podía "dañar" la convivencia y "estropear" la reputación de la ciudad.

El complejo europeo

Que los principales medios de comunicación de la zona no alertaran acerca de lo que estaba ocurriendo es difícil de explicar. En la Europa del buenismo ilustrado, señalar a una determinada comunidad por cometer agresiones sexuales sistemáticas e identificar a los agresores como pederastas paquistaníes resulta incómodo.

Basta con echar un vistazo atrás y ver lo que ha ocurrido desde el comienzo de la crisis de refugiados. La postura oficial de Bruselas, impuesta por la canciller alemana Angela Merkel, pasó por justificar la acogida masiva y tratar de que los recién llegados se adaptaran a la cultura occidental sin valorar sus antecedentes. En el flujo migratorio se infiltraron miles de delincuentes y cientos de yihadistas listos para atacar en suelo europeo.

Alemania tuvo su ración de "cultura africana", tal y como definió Merkel la llegada de refugiados, durante la madrugada de Año Nuevo de 2015, principalmente en Colonia. Aquella noche, ante la ausencia de efectivos para controlar la situación, centenares de migrantes cometieron miles de abusos sexuales contra las mujeres congregadas frente a la estación de tren de la ciudad.

Las autoridades alemanas trataron de tapar el suceso y los principales medios tardaron varios días en admitir lo ocurrido. Un año después, ninguno de los migrantes ha sido condenado y muchas denuncias han quedado en el olvido.

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